En estos momentos, los guatemaltecos estamos hiper-informados. En las redes sociales circulan teorías de todo tipo. Tanta información, el encierro y la crisis económica provocan que la población se divida en 2 grupos: 1) los que aceptan la cuarentena y 2) los que desean regresar a una vida productiva a pesar de los riesgos.

Por Richard Shaw

La división de opiniones  es normal, pues cada quien habla de la situación según el nivel de  impacto que tiene en su vida.

No es justo discriminar a nadie por su opinión o percepción de la crisis y para entender, creo que es conveniente analizar las diferencias y comparar los razonamientos de cada grupo.

Los medios de comunicación han penetrado en la mente de los guatemaltecos, el miedo a la muerte por el “coronavirus”, el miedo a ser contagiado es un ingrediente que corre por las venas de la sociedad.

Empresarios, políticos y religiosos, han sumado esfuerzos y respaldado con sus declaraciones el clima de “pánico”.

La pandemia se apoderó del mundo. Sus efectos y amenazas son como monstruos que habitan en el imaginario colectivo.

Percepción y realidad

Imágenes de personas desplomándose en estaciones del metro, cuerpos abandonados en las calles de Ecuador, camiones llenos de cadáveres en New York, imágenes desgarradoras y testimonios profundamente emocionales han sembrado la semilla del caos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró una crisis sanitaria y el mundo se paralizó.

Las teorías del origen y propósito de esta pandemia llenan los sitios de internet,  los teóricos de la conspiración levantan banderas de duda ante las verdaderas causas y efectos de este evento mundial.

A los simples mortales (peones sin rostro) que vivimos a merced de las decisiones de las grandes potencias del mundo, la verdad se nos maquilla y de manera impune se desdibuja nuestra falsa libertad de búsqueda cibernética, sin que podamos hacer nada al respecto. Vemos lo que se nos permite ver, leemos lo que el algoritmo nos muestra, somos como enfermos terminales capaces de aceptar cualquier placebo sin cuestionar, obligándonos a cooperar con los intereses mundiales que superan nuestro propio entendimiento.

En medio de la confusión, de la hiper-información, de las dudas y la necesidad, aparecen dos grupos en nuestra sociedad.

El grupo 01 Acepta la cuarentena y el distanciamiento social.

Los que se dan golpes de pecho, envían cadenas de oración, promueven el aislamiento social, recriminan a todos los “bandoleros desobedientes” que no respetan la cuarentena y que no usan mascarilla, son en su mayoría, personas que todavía tienen recursos financieros como para quedarse en su casa sin producir. Los del grupo “1” reconocen el peligro, se prepararon financieramente y pueden enfrentar el aislamiento social. Para ellos, la crisis económica es preocupante, pero como no usan transporte público, como tienen sueldo seguro, como tienen dinero ahorrado, el tema de la “economía”, está en segundo plano. Para este primer grupo de clase media, la cuarentena es cómoda, es más, ellos tienen tiempo para reflexionar, ver sus series en Netflix, ver películas, descansar, leer y algunos tienen la posibilidad de implementar su “home office”. Sus hijos reciben clases en plataformas de internet y para ellos, esta burbuja los aísla de la cruda realidad que viven la mayoría de los guatemaltecos. Los del grupo uno, no entiende cómo puede existir gente que sólo piense en dinero cuando la salud es lo más importante.

El grupo 02, reconoce el peligro, entiende los riesgos, pero, aun así, quiere salir a trabajar.

Los miles de trabajadores y empresarios que hoy están paralizados también son víctimas del pánico colectivo, ellos también sienten miedo y saben que el peligro es inminente, sin embargo, su supervivencia está siendo golpeada por las medidas de distanciamiento social.

Los pequeños y medianos empresarios saben que “carro parado no hace flete” o lo que es lo mismo que si no hay producción y venta, no hay rentabilidad.  Si no se produce no hay recursos para salarios, renta, insumos y para los empresarios informales esto puede representar el tener recursos para la comida, las medicinas, el pan, etc.

Los que viven de su trabajo, saben que además de su salud, todo está en riesgo inminente y por eso, prefieren enfrentar el peligro del virus, con los debidos cuidados de higiene y volver al trabajo, que permanecer inmóviles y morir de hambre.

Sin posibilidad de acuerdos

Los del grupo uno, son acusados de exagerar el pánico y de promover la crisis, a los del grupo dos, se les señala de no respetar la vida y la salud y en medio de este dilema, están nuestras autoridades que, además de tomar decisiones que resguarden la salud, deben buscar una solución económica que enfrente ambos riesgos.

La periodista Susana Mitchell, haciendo referencia al COVID-19 señaló en uno de sus artículos que“Todos estamos en la tormenta, pero en barcos diferentes. Unos están en yates, otros en botes (lanchas), otros en canoas” y yo agregaría que en países como Guatemala, muchos están chapaleando agua sin saber nadar en esta tormenta sanitaria y económica.

Es urgente abrir la economía respetando las medidas de seguridad. La medicina puede ser más peligrosa que la enfermedad y encontrar el equilibrio es un reto para el actual gobierno.

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