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Ya no te llaman los falsos amigos que durante la campaña, te daban palmaditas en la espalda, te adulaban y te deseaban éxito, en la calle el ambiente se ha calmado ya no gozas de los saludos y las sonrisas de la gente del barrio… tu suerte ha cambiado, ya tu título tiene un calificativo, ahora además de ser un ex candidato tu apellido es “perdedor”.

Querido candidato perdedor: Quiero decirle que para mí, no hay candidatos perdedores. Creo que todos los que participaron son ganadores, pues en el proceso de la  construcción democrática, participar es ganar. Tal vez alguien pensará que su candidatura sólo fue un relleno en la lista o que sirvió para que otros llegaran,  posiblemente usted mismo sienta eso, pero con toda certeza le digo que un país se hace grande y fuerte cuando los héroes como usted y todos sus activistas, le apuestan al cambio y a ser parte de la solución.

Sé que los gastos materiales y el desgaste físico han sido grandes. En muchos de los que hoy son ex candidatos, ardía el sueño de hacer algo para la gente,  de cambiar la situación de su pueblo  o con suerte, de todo el país. Sé que los sacrificios parecen vanos ¡pero no es así! pues aunque se pierdan las elecciones, le aseguro que  todo eso valió la pena, pues ese es el precio que se paga por la democracia en la cual vivimos todos.

En la memoria quedarán por siempre los rostros que con esperanza  dieron su apoyo y regalaron  una sonrisa, los pequeños mítines de barrio  y las grandes asambleas, son ahora sólo un recuerdo.

El 6 de septiembre de 2015 quedaron atrás las encuestas y las especulaciones, ya que las cartas están descubiertas. Para algunos, la responsabilidad y el gusto por la victoria, y para otros, la satisfacción de haber luchado con todo el corazón.

¿Cuántas ilusiones?, ¿Cuántos sueños? Y para todos los contendientes  ¡cuánta responsabilidad! Pues no importa si ganaron o perdieron, el compromiso con la gente que les apoyó, sigue allí.

Los que ganaron, deben demostrar que pueden ser consecuentes con la confianza de los electores que les dieron mayoría y para los que perdieron, la oposición constructiva apenas empieza.

Para alguien que quiere servir y ser parte de un cambio, no ganar las elecciones, lejos de ser una excusa para dejar de trabajar, es la razón misma para trabajar con más fuerza.

“Nunca nadie pierde por ser bueno, “dice Alejandro Bullón, un  escritor de la Iglesia Adventista, y yo agregaría “Nadie pierde por tratar“, lo malo es quejarse y no tratar. Aquello que a primera vista puede parecer una derrota, es una victoria si tenemos pacienciay valor para seguir en la lucha.

No es tiempo de lamentarse, ni de buscar culpables, más bien, es tiempo de retomar el aire y con fe tomar las posiciones y prepararse para seguir adelante.

Hace muchos años, al perder por estrecho margen las elecciones, Jorge Carpio dijo: “Amigos, no hay que desmallar un instante, La patria vive y la lucha continúa”, ese hombre tenía un ideal en su corazón y hasta su último suspiro vivió de acuerdo a sus ideas.

Amigo candidato, si su partido  no ganó las elecciones, piense en las palabras de este gran líder nacional y haga un compromiso  con su destino, con Guatemala y con toda la gente que lo apoyó, pues sólo si fortalecemos la nueva sangre política de este país, podremos enfrentar a los mega financieros y a las redes de corrupción que tienen de rodillas al país y secuestrado al Gobierno.

Ahora que todo parece obscuro es cuando se debe mostrar la firmeza de los ideales. Todos pueden reír en la victoria, pero pocos son los que de la derrota aprenden y mejoran.

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